
Como cada año, el Miércoles de Ceniza nos invita a entrar en el tiempo de Cuaresma con el rito de la imposición de la ceniza, signo de conversión. Todos los años repetimos lo mismo y todos los años nuestras promesas de cambio y penitencia se quedan sin cumplir.
La Cuaresma debe ser un tiempo de reflexión, de conversión espiritual. La semana pasada hablábamos de sentir la llamada interior, de buscar, mas, si no dedicamos un tiempo a nuestras almas, es poca la búsqueda que podemos hacer. Este tiempo que comienza el próximo miércoles nos debe invitar a hacer un alto en el camino, sopesar lo que llevamos recorrido y cómo hemos realizado ese camino; debe ayudarnos a cambiar nuestra actitud para que sea verdaderamente cristiana, dejar de lado los rencores, las envidias y los celos que corroen nuestros corazones y aprender a conocer y apreciar a Jesús.
Siempre me pregunto cómo. Hay personas que se sienten mal si un viernes de Cuaresma se les olvida no comer carne, pero siguen con sus actitudes egoístas para con los demás, sólo piensan en sí mismos y no ayudan al que tienen al lado. Acudir a misa en Cuaresma, ayunar y abstenernos de comer carne son acciones que no significan absolutamente nada si no están acompañadas de una verdadera intención de cambiar, de destruir esas vidas viejas para que se tornen nuevas en la vida de Cristo.
