domingo, 4 de marzo de 2007

SILENCIO...


... tan grande, tan vacío y tan muertooooo! No, no me he vuelto loca. Canto un poquito a David Bisbal, que no sé cómo puede encontrar tanto silencio en su vida, con lo ajetreada que la tiene.
Llevo un tiempo dándole vueltas y no logro entender por qué nos hemos vuelto más ruidosos ni por qué el silencio nos da tanto miedo. Cada vez me encuentro en más situaciones donde creo que poder permanecer callado es una virtud que pocas personas poseen.
El sábado estuve de convivencia con mis niños de confirmación y me parecía increíble que hablasen tanto durante la charla que dio uno de los profesos que vino. Él hablaba, soltaba algún chiste y todo lo que decía les parecía completamente divertido y se reían cinco minutos, con lo que perdías el hilo de lo que estaba comentando. Por la tarde, durante el penitencial, como mucho pudieron permanecer veinte minutos medio callados y digo medio, pues siempre había alguno que no podía cerrar la boca y dormitar.
El domingo en misa sucedió lo mismo. No sólo los niños de comunión estaban alborotados, sino también sus padres, que hablaban como si se encontrasen en la cafetería de enfrente de la iglesia. No sé si ya se ha perdido el respeto, el interés o si nuestros cerebros andan tan ocupados que no podemos permitirnos el "lujo" de disfrutar del silencio, de escuchar otra voz que no sea la nuestra, de prestar atención a alguien a quien no solemos ver ni oír con frecuencia.
Cada vez me asombro más, también, de que haya personas como nuestro diácono, al que podemos ver rezando laudes rodeado de niños que chillan y juegan en el patio de la parroquia. ¿Seré yo la que necesita cambiar el chip y tratar de hallar la paz y el silencio entre tanto ruido?

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