
Buenas. Tras un breve interludio debido a los exámenes y faenas varias, me enfrento de nuevo a este blog. Tengo ganas de hablar de ordenaciones sacerdotales, puesto que ayer fui a una ordenación multitudinaria a la concatedral de Castellón y el sábado, Dios mediante, asistiré a la de mis queridos Víctor y Adri, compañeros de blog, invisibles durante todo este tiempo.
Digo multitudinaria, porque la concatedral estaba a rebosar de gente de determinado movimiento, no por la cantidad de diáconos que se ordenaron presbíteros: ocho seminaristas de distintos lugares de España y parte del extranjero, que han pasado a formar parte de mi diócesis de Segorbe-Castellón.
La ceremonia fue laaaaarga y aburridaaaaaaaa (Adri y Víctor, tomad nota) pues cantaron todo lo cantable y rezaron todo lo rezable; además, en mi vida había visto tanto sacerdote junto imponiendo las manos a los recién ordenados y dándoles el ósculo de la paz. Se ve que no hicieron un listado de los presbíteros que iban a asistir, pues varios seminaristas vinieron a quitarnos los bancos a las personas que estábamos sentadas desde hacía media hora para que pudieran sentarse en el altar, todos juntos y apretados, que hacía frío...
Lo mejor, el piscolabis de después, al que habíamos sido invitadas por nuestro recién ordenado José Antonio. Lo peor, el estrés al que me sometieron los cientos de neocatecumenales que allí estaban, con sus cánticos y sus aires de importancia, pues seis de los ordenados son de ese movimiento y van a engrosar sus filas.
Los blogs son personales y por ello se me nota que no me gustan nada los neocatecumenales ni sus aires de grandeza ni su "micaminoeselúnicoparaseguiralSeñor".
Repito una pregunta que ya hice: ¿Qué hacemos para promover las vocaciones agustinianas? ¿Cómo nos lo montamos para conseguir hombres comprometidos con la Iglesia Católica (y, por lo tanto, universal) que den servicio a todos y no sólo a unos pocos?