miércoles, 16 de enero de 2008

EL PRECIO DE UN CATEQUISTA


Estas Navidades pasadas, tuve una conversación interesante con una mujer que lleva a su hijo a un colegio de pago. Resulta que hay una catequista en mi parroquia que se toma la molestia de ir dos veces a la semana de 12 a 1 al colegio para dar catequesis de primera comunión; luego, los niños toman la comunión en el jardín del colegio, con un toldo monísimo, muchas flores y mucho pijerío. La señora en cuestión me comentó que, claro, esa catequista iba al cole porque sabía que luego le esperaba un buen regalo al final del curso. Entonces fue cuando me quedé a cuadros, pues no sabía que los catequistas cobrasen. De hecho, a mí hace un par de años me ofrecieron dar catequesis allí a esas horas y me negué, no porque me dijeran que no había regalo, sino porque, simplemente, no tenía esas horas libres para poder ir.
Me pregunto: ¿será que todas las señoras que emplean su tiempo en dar catequesis (vuelvo a repetir la palabra) de comunión por las tardes reciben un regalo a finales de año? Se ve que cuando yo fui catequista de niños de primera comunión se les olvidó darme algo, un reloj o una joya, no sé. Creo que cuando llega el día, justamente a todo el mundo se le olvida la labor de esas personas que han estado intentando hacer llegar el mensaje del Evangelio a esos niños tan monos.
A ver si mis monitores de confirmación leen este post y piden la remuneración que se merecen por pasar sus horas libres (muchos estudian en la universidad y no tienen tiempo), por esforzarse en enseñar las enseñanzas de Jesús de manera totalmente gratuita y desinteresada a los chavales que se apuntan y que cada vez son menos. ¿Será que son jóvenes comprometidos con el Evangelio?