lunes, 11 de agosto de 2008

JESÚS, APROXIMACIÓN HISTÓRICA


En un post anterior hablaba de algunos libros sobre Jesús que podrían ser interesantes. Alguien me comentó que leyera el que pone título a este post, de José Antonio Pagola, pero como tenía pinta de tocho y soy mujer ocupada, me dije: "Algún día lo buscaré".

El día que llegué a Tosantos, tras andar unos 20 km, me encontré con el mencionado libro en la estantería del albergue. Estuve durante un ratito leyendo el capítulo dedicado a Jesús y las mujeres (es mi tema favorito... y además da unas pinceladas sobre el sacerdocio femenino) y hojeé por encima de qué iba en general. La verdad es que no me parece que sea un libro tan "rompedor" y se hace hincapié en que es una aproximación histórica. Anteriormente dije que había leído Imago Hominis y, por cierto, los datos que aparecen en ambos libros son semejantes, sólo que Imago Hominis es la historia de Jesús novelada en la que aparecen datos del evangelio y datos históricos, y el libro de J.A. Pagola es una especie de ensayo sobre la sociedad y la política en tiempos de Jesús (o eso me parece a mí, por lo poco que he visto).

En algunos artículos ponen de vuelta y media a este señor, que estudió en la Universidad Gregoriana de Roma, en el Instituto Bíblico Romano y en l'École Biblique de Jerusalén, y creo que no nos hace ningún bien a los cristianos esas peleas de patio de colegio entre nosotros. Si los mismos cristianos no nos ponemos de acuerdo y nos atacamos cuando alguien tiene una opinión algo diferente o, simplemente, se sale un poquito de la norma, ¿qué imagen estamos dando a los que nos vituperan y cuestionan diariamente?

sábado, 9 de agosto de 2008

HOSPITALERA VOLUNTARIA

Buenas. Llevo un montón sin escribir nada por pereza y mucho trabajo. Hoy quería escribir un poco sobre mi experiencia como hospitalera voluntaria en un albergue del Camino de Santiago en Grañón.
Al principio pensé: "¿Quién me manda a mí venir de vacaciones a un sitio para levantarme a las 6.30 y preparar desayunos, fregar platos y cuartos de baño y hacer cenas para 35-50 personas?" Pero luego te das cuenta de que los pequeños gestos de cada día (una taza de café más para un peregrino hambriento, un "siéntese y descanse, que le busco una colchoneta", un poco de comida al mediodía o una simple sonrisa acompañada de un "déme la mochila, que le pesa") son las cosas que hacen que la gente se sienta bien y que tú misma, egoístamente, te sientas bien.
Se hablaba del espíritu de Grañón y yo pensaba que la gente estaba un poco loca, pero he visto que el compartir todo (menos el marido o la mujer) y el no decir nunca que no a un peregrino que buscaba un sitio para dormir hacen que haya sitios especiales a lo largo del Camino.
Al final de mi experiencia me ha parecido que no he hecho nada y que he recibido mucho. A veces crees que las personas que tienes a tu alrededor son las causantes de tu felicidad y he descubierto que gente completamente desconocida puede hacer que sea un poquito más feliz cada día, que me sienta más útil para los demás y, por eso, quiero agradecer y recordar a las siguientes personas:
- A Tsvetanka, la búlgara que no entendía nada (o eso me pareció a mí) y que se fue dándonos un abrazo a Monika y a mí que nos hizo llorar.
- A José Luis de la Cámara, artífice de un gazpacho impresionante para 60 personas.
- A los italianos Roberto, Maurizio, Daniele y Ezio, que en días diferentes nos deleitaron con unos platos de pasta magníficos, siempre con una sonrisa en la boca.
- A Mar de Madrid y a Iñaki de Vitoria, por una sesión de reiki que me dio más fuerza y energía para "enfrentarme" a 57 peregrinos hambrientos.
- A Raquel de Madrid, que aguantó estoicamente y con una sonrisa la "broma" que le hicimos diciéndole que no quedaba sitio y acabó comiendo puchero de Jorge.
- A Nicola, italiano que me encontré en Tosantos y con el que disfruté de unas horas de conversación mística.
- A Mario y Bepi, misioneros javerianos del albergue de Tosantos, que me trataron mejor de lo que yo había tratado a mis peregrinos.
- Y a tantos otros que me hicieron disfrutar de mis días como hospitalera: los que tocaron la guitarra mientras hacíamos la cena, los que se ofrecieron a hacer cena para 50 pelando patatas, frutas o lo que fuera, a los que, simplemente con su sonrisa y su educación, hicieron que mis 15 días parecieran vacaciones en el Ritz.
- Pero, sobre todo, me gustaría agradecer a Monika, mi compañera alemana, la alegría que me daba cada día con sus bromas ("Grande Katastrophe!"); a Marina por sus oraciones sinceras que calman el hambre del espíritu y su hospitalidad en su casa; a Jorge y Hugo por su inestimable ayuda para montar las mesas a la orden de Kommando! y por soportar mis experimentos a la hora de la comida; y a todas las personas del pueblo por acogernos a Monika y a mí como si fuésemos de allí de toda la vida.
Es una experiencia que recomiendo a todos. Es otro estilo de voluntariado.